A partir de hoy, los fabricantes europeos de lámparas incandescentes de 100 Watts no podrán comercializarlas más. Es decir, desde este día se venderá solamente hasta agotar el stock, mostrando el fin de una etapa de derroche energético y abuso desmedido.
Es que Europa ha dicho basta al gasto desmedido de esos focos tan anticuados, creados en los finales del siglo XIX por el científico Thomas Edison. ¿Los motivos? Muchísimos y totalmente acertados.
Una de las razones más conocidas es obviamente, el ahorro en cuanto al consumo. Si bien las lámparas de bajo consumo son más caras, estas tienen un promedio de vida muchísimo más alto ya que consumen entre un 65% y 85 % menos.
Esto a su vez lleva a que los consumidores ahorren unos 166 euros al año en su factura de luz, un dinero que en conjunto representa entre unos 5000 y 10000 millones de euros al año.

No olvidemos que si gastamos menos energía, estamos reduciendo considerablemente el impacto ambiental, ya que exigiríamos menos a nuestras nocivas centrales eléctricas.
Pero esto no termina acá. En septiembre del 2010 planean terminar con las bombillas de 75 watts, para el 2011 siguen las de 60 watts y finalizando en 2012 con las de 45 y 25 watts. Es decir, dentro de tres años en Europa no existirán más las lamparas tradicionales.
Obviamente no todo es tan bello, ya que las lamparas de bajo consumo no pueden ser reencendidas en pequeños lapsos de tiempo, no pueden ser usadas en el exterior y no funcionan en lamparas de luminosidad variable.
Aunque si uno piensa más la situación, se da cuenta que las contras que tiene, son meramente frívolas. El hecho de ser amigables al medio ambiente, las hace necesarias.
Vía: La Nación
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